
08/04/2008
Extracto
Por Osvaldo Bayer
Nos desbordaron los medios la última semana con informaciones de dueños de la tierra bien trajeados con rostros enojados o hasta amenazantes, con discusiones sobre la palabra argentina más actual (retenciones), o sobre las hinchadas de River que se despedazan por disputar el “poder” en las canchas, y siempre estamos informados al minuto cuando cacarea Maradona.
Pero nadie nos informó que había muerto el delegado de los más humildes trabajadores del país: los recolectores de ajos de Mendoza. ¿Cómo? ¿Existen?
Hace dos semanas escribí en este espacio sobre ellos. Sí, existen. Son los más ignorados de estas tierras, e informé cómo se rebelaron porque la gigantesca empresa rural Campo Grande, de Adrián Sánchez, no depositó los descuentos jubilatorios durante doce años.
Esas mujeres y hombres de manos como raigambres y ajadas hasta el extremo decidieron la protesta, formaron una columna frente a la enorme propiedad rural. Allí fueron desalojados por orden de la fiscal de turno Liliana Giner, en algo habitual en la historia mundial de los desposeídos: no se detuvo a los patrones estafadores del bolsillo humilde sino que se apaleó a los eternamente estafados.
Los palos uniformados de la Justicia argentina fueron dados con todo gusto. Hubo rostros ensangrentados de obreras embarazadas y cabezas y espaldas apaleadas como bolsas. Esto fue en noviembre pasado. Ahora se informó que acaba de morir uno de los que levantaron la voz de protesta.
El delegado Juan Carlos Erazo, en el hospital donde estaba internado por los golpes recibidos hace más de cuatro meses, perdió la batalla para siempre. Juan Carlos Erazo. Por algo será. Por protestar; el arma eterna de los proletarios. Sí, era pobre, y eso hay que tenerlo en cuenta cuando se sale a la calle. Pobre que protesta, pobre que la paga caro. La empresa no reincorporó a los delegados despedidos. No cumple la orden de blanquear la empresa con toda la peonada en negro.
La pregunta es: ¿no hay forma de hacer cumplir las leyes? ¿Por qué la Corte Suprema de la Nación actuó en forma tan burocrática y rauda a favor del asesino Patti, pero no hay justicia contra los que trasgreden todas las leyes y los principios de la ética pero están amurallados en el poder del dinero? ¿Cuánto tiempo pasará hasta que se haga justicia con los ajeros?
El caso del recolector Juan Carlos Erazo me hace recordar los versos de nuestro poeta Raúl González Tuñón, que les cantó así a cuatro trabajadores recolectores de tabaco salteños muertos por la gendarmería nacional en 1948:
Aquí yacen Silvestre, Rueda, Allende
y Flores
Cuatro nombres con olor a madera
Y a cañaveral, a tabaco, a petróleo y luna
Ojalá que algún poeta mendocino nos describa alguna vez en versos las manos generosas del ajero Juan Carlos Erazo, manos que recogieron los productos de la tierra para la Vida, y que cayó para siempre ante los defensores de la codicia.
LA OTRA CARA DEL CAMPO - LOS AJEROS DE MENDOZA
LA OTRA CARA DEL CAMPO. LOS AJEROS Y JUAN CARLOS ERAZO
El reclamo de los ajeros de Mendoza, se genera a partir de la acción de las cooperativas de trabajo truchas y la contratación de mano de obra por este medio, por parte de las empresas (en este caso empacadoras).
En estas cooperativas los asociados son considerados legalmente como monotributistas, de forma tal que las empresas que los contratan no efectúan aportes patronales de ningún tipo.
Para estas contrataciones las empresas pagan un porcentaje de lo que pagan al trabajor (obviamente menor que los aportes de ley) al "Dueño" de la cooperativa.

9/04/2008
Murió uno de los obreros del ajo reprimido cuando pedía por sus derechos
"Tenemos indicios de que el deceso de Erazo tuvo que ver con los golpes que recibió de parte de la policía."
En la madrugada del sábado, el obrero del ajo, Juan Carlos Erazo, fallecía en el Hospital Central como consecuencia de absceso cerebral.
Pero Erazo no era un paciente más: fue uno de los obreros más golpeados por la policía en una represión ocurrida el 29 de noviembre pasado en la firma Campo Grande de Rodeo del Medio en medio de una protesta gremial.Para sus familiares, el deceso de este trabajador está íntimamente ligado con la golpiza a la que fue sometido durante la represión.
Su esposa, de hecho, ya ha contratado los servicios de un abogado ya que tiene en mente demandar al Estado por la muerte de su marido.Entretanto, desde el sindicato de Frutas y Hortalizas se indicó que "más allá del dolor que nos ha producido la muerte de nuestro afiliado (por Erazo), vamos a esperar que a partir de las pericias y de lo que digan los médicos si tomaremos alguna medida", según dijo un vocero de la obra social de los trabajadores de Frutas y Hortalizas, ubicada en calle Montecaseros.
La historiaJuan Carlos Erazo, casado, padre de una hija y de 51 años de edad, era uno de los obreros de la firma Campo Grande que el pasado 29 de noviembre fueron brutalmente reprimidos por efectivos de la Policía de Mendoza en el marco del conflicto patronal que los trabajadores mantenían con sus empleadores.
Aquella mañana, y después de una protesta frente a la firma en Rodeo del Medio en la ruta 50, uniformados siguieron al pie de la letra lo solicitado por la fiscal Liliana Giner, los policías procedieron a desalojar a los manifestantes de un modo bastante violento. Es más, una de las tomas que hizo la televisión registró a dos efectivos policiales que arrojaban bicicletas a los manifestantes.

Juan Carlos Erazo muestra las heridas que le quedaron de la represión policial.
En el medio de las escaramuzas, hubo alrededor de cincuenta obreros del ajo que terminaron con contusiones en diferentes partes del cuerpo, producidos por los palazos que en ese momento les dieron los policías en su afán de ponerle fin al conflicto.
Uno de los más golpeados era Juan Carlos Erazo, empleado de la firma Campo Grande. Unos días más tarde, un grupo de trabajadores se presentó en la Legislatura y en la Casa de Gobierno para quejarse del modo en que habían actuado los uniformados.
En esa oportunidad, algunos de los obreros maltratados, mostraban sus hematomas a los fotógrafos y a los camarógrafos de los medios de prensa. Uno de los que mostraba las secuelas de los palazos, era Juan Carlos Erazo.
Con el paso de los días, la salud de este trabajador comenzó a deteriorarse. Entrado este año, el hombre fue internado en el hospital Metraux donde le detectaron un absceso cerebral. Desde entonces no pudo volver a trabajar.
Hacia febrero, el estado de Erazo empeoró y fue enviado al Hospital Central donde estuvo en terapia intensiva, luego salió y volvió a terapia. Erazo empeoró hasta que en la madrugada del sábado cinco de abril, su corazón dejó de funcionar.
Demanda al Estado
Una vez conocida la noticia, la familia Erazo se conectó con el abogado penalista Marcelo López, quien -según dijo- hará una presentación contra el Estado provincial,"ya que tenemos muchos indicios de que el deceso de Erazo haya tenido que ver con los golpes que recibió de parte de la policía el día de la represión en la fábrica Campo Grande", contó el profesional a este diario.
La presentación es contra la Provincia porque se entiende que fueron agentes del Estado los que golpearon de ese modo al hombre.
Del mismo modo, el profesional dijo que cuenta con algunos indicios en filmaciones hechas por los canales de TV en los que se vería con nitidez de qué modo la policía golpeaba no sólo a Erazo, sino a otros trabajadores.
LA PLAZA DE CRISTINA II

La Plaza, a ras de piso
Por Mario Wainfeld
La lluvia tuvo la deferencia de descargarse sobre la Plaza recién cuando el discurso de Cristina Fernández de Kirchner buscaba su final. La multitud escuchó a la Presidenta, con marcada atención y silencio durante sus párrafos más largos. Aplaudió con frecuencia a una oradora que no incita a la ovación ni busca el aplauso en cada párrafo. Aunque la mayoría de los asistentes llegó encolumnada, no hubo pocos los que fueron por la libre. Estos portaban aspecto de clase media urbana, tanto que si hubieran estado en otro acto hubieran podido calzar en la categoría mediática de “gente”. La Plaza se colmó y la asistencia “coleó” un par de cuadras por Diagonal Sur.
La percepción del cronista, que deberá mejorarse con información de otras procedencias, es que la mayoría de los manifestantes fueron trabajadores sindicalizados, que muchos concurrieron conducidos por los movimientos sociales. Y que “el territorio” no tuvo la primacía que lo caracterizaba en tiempos de Eduardo Duhalde. Vaya un ejemplo de muestra: la columna de Santa Fe, provincia gobernada por el socialismo, superaba las tres mil almas. No dieron esa talla las columnas de varios populosos distritos bonaerenses donde arrasó la coalición FPV-PJ. Quizá la fragmentación electoral de octubre cobró su precio, quizá faltó voluntad.
Habría que sondear también cuáles son los efectos políticos (v.gr. eventual desmovilización) del desabastecimiento en el conurbano, seguramente el lugar más castigado por el lockout rural.
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Nada es igual: La asistencia ponía en escena el mapa de la actual condición proletaria en la Argentina: trabajadores formales, informales, desocupados.
Las columnas de camioneros y de UPCN congregaron miles de personas. En un día laborable, muchos acudieron con la ropa de trabajo, uniformando sus columnas y aportando a la policromía general.
Los trabajadores que cobran por sobre se distinguen con relativa facilidad de sus compañeros de clase, más relegados. El trabajo regular, la atención médica, la alimentación y seguramente la autoestima marcan diferencias en el aspecto, los dientes, quizá en el peso, hasta en la talla, en la pilcha. La (nueva para la Argentina) desigualdad entre los humildes se palpa al verlos separados por metros. Porque estuvieron todos: los ocupados, los desocupados, los que changuean o cobran en negro pusieron el cuerpo. Ninguna fuerza política argentina congrega en ese número esa vastedad social.
Las columnas gremiales tuvieron cierta preeminencia varonil, obviamente matizada por la rama de actividad. De los barrios humildes llegaron muchas familias, las mujeres empardaron o superaron en número a los hombres. Todos fueron respetuosos del espacio público: los bares de las diagonales de acceso y de Avenida de Mayo permanecieron abiertos y con mesas en la vereda, los artesanos de Perú y Florida mantuvieron sus alfombras sobre la vereda sin bardo alguno. Cero incordio para transeúntes desprevenidos o curiosos que pasaban por ahí o tomaban café. Un personaje VIP, el arzobispo Jorge Bergoglio atravesó tranquilo la acera que separa a la Catedral Metropolitana de la Jefatura de Gobierno, solito su alma con un portafolio en la mano. Nadie lo molestó, ni siquiera lo chistaron aunque no faltaron los que lo reconocían.
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Cotillón: El cronista llegó dos horas antes de que hablara Cristina, recorrió de arriba hasta abajo las avenidas y la Plaza. Su visión siempre será acotada, impresionista, algún conejo se le habrá escapado. Pero relata lo que vio con sus propios ojos, no se somete a los estereotipos que detona todo acto de masas. Sigamos la panorámica.
Mucha banderita indicando procedencia, mucho pasacalle de dirigentes o intendentes del conurbano. Bombos y redoblantes como es de estilo, mucha afirmación de identidad (en pancartas o en gritos) y contadas consignas políticas, muchas de ellas añosas incluyendo a “la gloriosa Jotapé”.
Un acto flagrantemente peronista por el humus social, por la pertenencia de casi todos los manifestantes. Pero muy apaciguado en la liturgia. Pocas insignias tradicionales, algunos intentos dispersos de cantar la marchita. Los organizadores no la pusieron en el sistema de parlantes ni antes ni después del discurso, una decisión con mensaje. El Himno precedió a la palabra presidencial, muchas manos hicieron la “V”, algún puño cerrado por ahí. El discurso, ya un clásico de Cristina Kirchner, sin alusiones a Eva o a Juan Domingo Perón.
Las palabras: La Presidenta usó palabras drásticas para cuestionar la acción directa de los ruralistas. Sus críticos dirán que fue despiadada, sin embargo no amagó con la represión, no convocó a vendettas ni psicopateó con el poder del Estado. Cuestionó el desabastecimiento de modo severo para pedir (o “rogar”) “por favor” que se pusiera fin a los cortes de rutas. No es poca templanza, ante una agresión al derecho de terceros.
Desde la Plaza sonaban más gritos contra los caceroleros que contra el “campo”. Y más pedidos de “fuerza, Cristina” que el clásico “y pegue...” La oradora, que no pudo establecer contrapunto con la concurrencia, sintonizó con ese clima. No fue la Evita crispada, ni fue el suyo un discurso de barricada o de confrontación. Hizo base en el desempeño económico social desde 2003 y en la necesidad de prolongarlo en paz. Un criterio valorable y sensato, aún en términos de mantener su legitimidad.
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La hora del recuento: Hace demasiados años el cronista escuchó al chaqueño Deolindo Felipe Bittel, dirigente peronista típico y cazurro una particular interpretación sobre las colectas anuales que hacía el Partido Comunista. “La plata no la necesitan, eso les llega desde Moscú. Se hacen para medir el nivel de compromiso y de adhesiones.” Tuviera o no razón con el ejemplo, es real que en los actos de partidos populares se cuentan las costillas de los dirigentes. Néstor Kirchner (que llegó al lado de la Presidenta a diferencia de lo que acostumbra) habrá anotado la dimensión de las columnas. Y habrá trazado un ranking de los que convocaron y los que defraudaron. Ya llegarán, expeditos, los reconocimientos o las recriminaciones.
Las peores facturas, con todo, serán para los que hurtaron el cuerpo, empezando por el gobernador cordobés, Juan Schiaretti, y el pintoresco representante de la peonada rural, el Momo Venegas.
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Cierre: Cuando empezaba a gotear, Hebe de Bonafini le dio su pañuelo a Cristina, que pudo entonces dar rienda a su emoción. Néstor Kirchner lucía exultante. Los cálculos previos, voluntaristas, tal vez estimaban más gente pero la Plaza estuvo de bote en bote con una presencia social que expresa la alquimia del kirchnerismo: obreros, desocupados, informales, movimientos sociales y de derechos humanos. Todo aglutinado precariamente con la corroída argamasa del PJ cuya flor y nata dirigencial, da toda la sensación, no puso toda la carne en el asador.
Cuando baje la adrenalina, bien le valdría al oficialismo mirarse al espejo y, sin resignar los reproches a los antagonistas, preguntarse cuánto cooperó para que brotara un escenario de confrontación que no favorece su base de sustentación, que es la gobernabilidad con llamativos desempeños económico-sociales. Pero, si llega esa necesaria introspección, será recién hoy.
Ayer la pasaron bien: los manifestantes avalaron a la Presidenta, que recibió su calidez y el apoyo que buscaba. La movida les salió conforme lo esperaban y, como en el truco, la primera vale dos.
LA PLAZA DE CRISTINA I

Por Luis Bruschtein
“Señores del campo: Vinimos a la plaza y no nos pagó nadie”, decía un cartel casero, de cartón, que llevaba un hombre con el uniforme del SAME, con su esposa y sus dos hijos. La frase traslucía el sentimiento de ofensa por uno de los argumentos que usaron los caceroleros que apoyaron el lockout de los productores agropecuarios y que fue tomado por muchos medios de comunicación y una parte de la izquierda. Para esos caceroleros, solamente ellos son ciudadanos manifestantes conscientes y civilizados, en tanto los que se les oponen serían todos “acarreados”, “matones”, o “ejércitos civiles” a sueldo del Gobierno –como dijeron algunos dirigentes de la Federación Agraria en los cortes—, ladrones y narcotraficantes. El hombre del cartelito no estaba en ninguna columna y se paseó por toda la concentración para que lo leyera todo el mundo. Era una forma espontánea de dignificar su decisión de ir al acto.
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Había otro señor, más bien de clase media, que también se había hecho su propio cartelito: “Señores de TN: Yo también soy “La Gente”. Se paró frente a los camiones de exteriores de los canales para que lo enfocaran, pero no tuvo suerte. Entonces se contentó con despotricar contra los medios en los corrillos que se armaban a su alrededor. Fue también otra expresión de la sensación de ciudadano de segunda que se promovió desde el lockout agrario –y desde muchos medios y dirigentes políticos– contra quienes no estaban de acuerdo con ellos. “Yo también soy la gente”, “yo también soy ciudadano”. Eran dos carteles espontáneos que daban cuenta de las irrealidades que crea a veces la coyuntura y sobre todo el discurso inmediatista y demagógico de muchos medios.
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Había una idea instalada de que el acto sería una gran demostración de aparatos y, al mismo tiempo, que su composición sería mayoritariamente de trabajadores convocados por la CGT y de sectores más humildes que movilizan los movimientos sociales. Y que no habría espacio para la clase media, que suele movilizarse con mayor independencia. Es cierto que en su mayoría eran trabajadores y sectores muy humildes y, por supuesto, en las inmediaciones había cientos de colectivos. Pero también fue sorprendente la gran cantidad de gente espontánea, suelta, que deambulaba por Avenida de Mayo y por las diagonales. En su mayoría eran personas de clase media media o media baja, como si esta vez hubieran sido convocados los barrios que no asistieron al cacerolazo rural.
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En los viejos actos de la CGT era impresionante ver las columnas de obreros con sus ropas de trabajo, overoles y cascos, obreros de la industria, sobre todo de la UOM y el SMATA. Pero ahora, las columnas más grandes, con 10 o 15 mil personas, fueron las de Camioneros, que encabezó Pablo Moyano, y UPCN. Los demás gremios movilizaron grupos más chicos que fueron sumando en cantidad hasta ocupar Bernardo de Irigoyen y parte de la Plaza de Mayo, que esta vez estaba completa porque las vallas se habían retirado hasta Balcarce, donde estaba el palco oficial.
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Así como el movimiento obrero ya no es el mismo que en otras épocas, los movimientos sociales constituyen un nuevo factor en estas convocatorias. Luis D’Elía, que se convirtió en la gran bestia negra en los días previos, entró a la cabeza de una columna muy nutrida de la FTV –su agrupación—, CTA Barrios, el Frente Transversal y otras agrupaciones. A la cabeza iba D’Elía con Edgardo De Petris y el dirigente del Partido Comunista Patricio Echegaray y Víctor Mendívil, de la CTA, y los judiciales bonaerenses. Detrás venía otra columna muy nutrida de Libres del Sur y Barrios de Pie, entremezclados con contingentes del PI y el Partido Socialista de la provincia de Buenos Aires. Estas columnas cubrían toda la Diagonal, desde la Catedral hasta el Obelisco. El Movimiento Evita y el MUP entraron por Avenida de Mayo con manifestantes de las intendencias del conurbano.
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Se cantó el Himno al comenzar el acto, pero la marchita peronista sólo se escuchó en algunos sectores aislados. Porque ese también constituye un factor nuevo en este tipo de concentraciones, donde antes la gran mayoría era peronista. Esta vez, los movimientos sociales que ingresaron por Diagonal Norte no se definen como tales, aunque muchos de ellos tienen identidades afines, con banderas del Che y de Evita, por ejemplo. Por Avenida de Mayo ingresó otra columna del Partido de la Victoria, encabezada por la senadora Vilma Ibarra, Graciela Ocaña, Gabriela Cerruti, Abel Fatala y Eduardo Sigal, del Frente Grande, junto a socialistas de la Capital Federal como Ariel Basteiro y Oscar González, entre otros. Con matices, desde identidades más cercanas al peronismo y otras más relacionadas con la izquierda o el progresismo, estos manifestantes no se consideran integrados a la disciplina del Partido Justicialista y conformaban una gran parte, casi la mitad, de la plaza.
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Previo al acto, una camioneta estacionada cerca de la Catedral emitía viejos discursos de Evita a todo volumen. Desde los altoparlantes del palco oficial se escuchaban “La memoria” y otras canciones de León Gieco. También a los Coplanacu. En otras épocas hubiera resonado en la Plaza la marchita cantada por Hugo del Carril.
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“Lamentablemente, en esta coyuntura parte de la izquierda apoyó al gran capital”, afirmó Patricio Echegaray, el secretario general del Partido Comunista. “El PC no es neutral –dijo—, está aquí contra la derecha y por la distribución de la riqueza.” Algunos sectores de izquierda, como el PCR, Castells y una asamblea de San Telmo, apoyaron el lockout patronal agrario que desabasteció los centros urbanos. Otros, como el PO, organizaron un corte de calle frente a la Facultad de Filosofía y Letras, en repudio al discurso de Cristina Kirchner del lunes, al mismo tiempo que se realizaba otro por el mismo motivo en Santa Fe y Callao. El POR, trotskista, en cambio, participó en la movilización de ayer en la plaza.
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Desde la mayor parte de la concentración era imposible ver el palco por la gran cantidad de pancartas. El discurso fue escuchado con atención, pero sin ver a la Presidenta. Solamente se sintió un estruendo de bombos y gritería que avanzó desde la cabeza del acto hacia Bolívar cuando Hebe de Bonafini le entregó su pañuelo a Cristina Kirchner, que había mencionado a las Madres en su discurso. Cuando el locutor se percató, comenzó a vociferarlo por los altoparlantes y recién allí la mayoría entendió el motivo del ruido y se sumó.
UN POCO DE HISTORIA PARA VER QUIEN ES QUIÉN
Por Giovanna Carparelli – Productor vitivinícola de Mendoza – Lic. en Comunicación Social y Periodista.-
Fueron cuatro paros entre marzo y noviembre de 1975. El cuarto marcó el record de 18 días, que hoy empata el actual lockout.
El quinto estaba previsto para el 27 de marzo de 1976. No hizo falta: tres días antes los militares tomaron el poder.
La protesta rural cumple mañana diecinueve días, con lo que supera al lockout agropecuario más largo de nuestra historia, que fue del 24 de octubre al 10 de noviembre de 1975. Ese año, el conflicto fue creciendo con el paso de los días.
El 3 de marzo las entidades realizaron un primer bloqueo por veinticuatro horas. El segundo fue el 19 y 20 de mayo. El tercero comenzó el 19 de septiembre y se extendió por once días. El cuarto marcó el record de dieciocho jornadas. La situación económica y social de entonces era muy diferente a la actual, pero algunos hechos parecen calcados. (…)
Al igual que ahora, Confederaciones Rurales Argentinas y Federación Agraria fueron la punta de lanza de los productores.
Esas dos entidades presentaron el 19 de septiembre de 1975, al iniciar su tercer lockout del año, un documento con 14 puntos donde se le comenzaba exigiendo al gobierno de Isabel Martínez de Perón “derecho de participación de las entidades gremiales representativas del agro en el estudio y la elaboración de la política económica nacional” (sic). Por entonces, el problema no eran las retenciones a las exportaciones sino las juntas nacionales, a través de las cuales el Estado fijaba precios máximos para las producciones.
Se acusó a las entidades del campo de expresar los intereses de la oligarquía terrateniente. Sin embargo, los dirigentes rurales aseguraron que “la protesta no surge de ningún pequeño o privilegiado sector de grandes ganaderos sino que se nutre de la decidida voluntad de millares de productores que nada tienen de oligarquía vacuna” (comunicado de Carbap, 22 de septiembre de 1975).
También se los tildó de desestabilizadores y la respuesta llegó desde la tribuna televisiva que ofrecían Bernardo Neustadt y Mariano Grondona en el programa Tiempo Nuevo. “No es un paro golpista”, sostuvo entonces Jorge Aguado, titular de Carbap. “Hay enemigos del país que se niegan a reconocer que el campo es su columna vertebral”, agregó.
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-101534-2008-03-30.html
¡No nos dejemos engañar! Defendamos nuestro derecho a los alimentos a precios acordes a nuestros ingresos, a nuestros sueldos. La renta del campo (un sector de la economía) es necesariamente menos importante que el bienestar de TODOS los argentinos.
¡Que los alimentos lleguen a las góndolas! Es nuestro derecho y justo reclamo a las corporaciones del campo.
Que levanten el corte de ruta los exportadores a quienes no les interesa el desabastecimiento del merado interno porque sus ventas las realizan en el exterior.
No confundamos los problemas de los pequeños productores, que tenemos problemas desde hace mucho tiempo, sobre todo durante los 90 cuando nada podíamos producir, y no hubo entonces lock out alguno para defendernos.
Sepamos que hablamos de los grandes pooles agrícolas, con inversiones en medios de comunicación y servicios públicos, que quieren acumular poder para desestabilizar a este gobierno y poner algún “prolijo, bonito y obediente” que responda a sus intereses y no a los del pueblo argentino.
Este NO es un paro de pequeños productores. Se están utilizando sus pancartas para confundir a la sociedad y crear sensación de caos, cuando la semana santa pasada pudieron salir de vacaciones 2 millones y medio de argentinos.
Reflexionemos sobre lo ocurrido a lo largo de nuestra triste historia. Apaguemos la televisión y leamos los diarios, especialmente aquellos que no pertenecen a grupos con inversiones en soja u otros productos/servicios a los cuales las políticas del Gobierno están “poniendo límites”, nada más.
Apaguemos la televisión y reflexionemos sobre lo que realmente está pasando. Revisemos algunos libros de historia – la Patagonia trágica, historia de los ferrocarriles argentinos –
Recordemos a Lisandro de la Torre, disparándose en el Congreso de la Nación, incapaz de soportar el negociado de Swift (la corporación) con la carne argentina (la soja de entonces).
Los que vivimos de pequeños proyectos productivos, de nuestros comercios, de nuestros sueldos, nada tenemos que ver con esta disputa de poder que plantea “el campo”.
Defendamos nuestros propios intereses, y con ello los intereses de la mayoría que no vivimos de la renta que nos da el “alquilar el campo que heredamos” para que planten y exporten soja. La mayoría de nosotros vive de otra forma.
Defendamos nuestro derecho a vender y comprar alimentos, nuestro derecho a educarnos en la universidad pública y gratuita, defendámonos.
Por una vez en la vida, no repitamos el discurso de “la gente linda”, la gente a la cual nos gustaría parecernos, por el lugar dónde viven o por lo que pueden comprar.Nosotros vivimos en otro lado, nos guste o no. Nosotros no podemos veranear en Punta de Este, Pinamar, Mar de las Pampas (menos los 3 meses completos!).
Nosotros, que hacemos malabares para llegar a fin de mes y darnos algún gustito de vez en cuándo, defendamos nuestros derechos y pidamos el levantamiento del lock out agrario.
Defendamos nuestra democracia. Defendamos la igualdad de oportunidades, para lo que hace falta “redistribuir” los ingresos de los que más ganan en escuelas y hospitales.
Sepamos que esta “gente linda”, no quiere que haya más gente como ellos y que cada vez que han tenido oportunidad (en los 90 la última vez), han marginado a la mayoría de la población (60% de gente por debajo de la línea de la pobreza en 2001!), lo que ha generado marginalidad y criminalidad.
Nada es porque sí, la inseguridad que nos afecta es una consecuencia de la exclusión que se concretó durante 10 años en este país, cerrando, fundiendo fábricas de todos los sectores y beneficiando sólo a las corporaciones internacionales financieras y de servicios. Ahora nos lamentamos de la violencia y la inseguridad, y la padecemos especialmente los que no vivimos en countries.
No a las politicas de exclusión. No al lock out agrario. Sí a las retenciones móviles, para que el Estado pueda invertir en obra pública: escuelas, hospitales, mejores salarios y ayuda a los pequeños productores.Sí a un país para todos.
Hagan oír su voz, cómo puedan y entre quienes puedan. No tengamos miedo. No nos quedemos callados. Participar es la única manera de sostener una democracia que nos contenga a todos.
No a la violencia encubierta del lock out agrario. Sí al derecho a los alimentos de toda la población.
DE NOSOTROS DEPENDE, HAGAMOS OIR NUESTRAS IDEAS!
RETENCIONES MÓVILES E INFLACIÓN
Una medida que llegó para quedarse
Por Fabián Amico
Las variaciones en el valor del dólar determinan el precio en el mercado interno de los productos exportables (agropecuarios). O lo que es similar: si el valor del dólar está fijo (como hoy, que se sitúa en torno a 3 pesos) y los precios internacionales de los productos exportables aumentan, entonces ese aumento se traslada al mercado interno.
Veamos esto con el ejemplo de la carne.
Más o menos el 20 por ciento de la producción se exporta y el resto se destina al mercado interno. Supongamos que hay un aumento del precio internacional de la carne mientras el dólar permanece fijo (3 pesos). Sería el caso en que un kilo de lomo, que ayer valía 10 dolares en el mercado internacional, pasa a costar 12,5 dólares. Por cada kilo exportado el exportador pasó de obtener 30 pesos a percibir 37,5 pesos.
Como gana más vendiendo la misma cantidad, y como Argentina no puede incidir en el precio internacional (su nivel de producción en el mercado mundial es muy pequeño), ese exportador va al mercado de liniers y demanda más vacas, haciendo que su precio suba frente a un stock dado de vacunos.
Pero el mercado de hacienda es el mismo para todos los que participan en él y no hay modo de separar las vacas que demanda el exportador de las que demanda Coto o la carnicería del barrio, que son destinadas al consumo interno y no tienen nada que ver con la exportación. De modo tal que si hay más demanda y el precio sube, esta alza se produce para todas las vacas: las de exportación y las que van al mercado interno.
Así, el aumento del tipo de cambio (el dólar) o el alza del precio internacional con tipo de cambio fijo determinan el alza del precio de todos aquellos productos que cuentan con mercado de exportación, aunque la produción en su mayoría se consuma en el mercado interno.
La venta en el mercado interno no se realiza a un precio menor a la que se podría obtener exportando la producción. Un aumento del precio en dólares de la carne (sea por devaluación de la moneda o por aumento del precio mundial, o por ambos) sube el precio en pesos que reciben los exportadores y más o menos automaticamente sube el precio en el mercado local. A esto se le llama “efecto de arrastre”.
Este “efecto de arrastre” varía en importancia según el peso que tenga el producto exportable en el consumo interno. Si el producto exportable es la soja (que aquí no se consume) el “efecto arrastre” es débil o casi nulo.
Pero Argentina exporta carne, cereales y productos frescos y el aumento persistente del precio internacional de estos bienes conduce a fuertes alzas de precios en el mercado interno mediante el mecanismo descripto antes.
Como esos bienes integran la canasta de consumo de los asalariados, el alza de su precio determina automaticamente una baja del salario real y un menor nivel de demanda interna.
Luego, este “efecto de arrastre” agudiza la puja distributiva y potencia la inflación originalmente disparada por el alza del precio de los alimentos. En suma, ese “efecto de arrastre” significa una transferencia de ingresos desde los asalariados y toda la sociedad hacia el sector productor de los exportables (agropecuarios).
Veamos de cerca cómo está formado el precio de los bienes exportables (en este caso
agropecuarios).
Dicho precio se forma mediante la suma de un costo de producción y una ganancia “normal” sobre ese costo: costo + ganancia “normal”= precio interno “normal”. El inédito aumento del precio internacional de los alimentos con costos medidos en pesos devaluados (transportes, combustibles, salarios, etc), le brindaron al sector agropecuario en su conjunto un nivel de ingreso muy por encima de ese precio “normal”. A esa diferencia entre el precio internacional y el precio “normal” (que ya incluye una ganancia), se le llama “renta”. La renta es una ganancia extraodinaria derivada del monopolio sobre un recurso natural (en este caso, la tierra).
Según los investigadores Javier Rodríguez y Nicolás Arceo de la Universidad de Buenos Aires, la renta apropiada por el sector agropecuario se multiplicó por cinco medida en pesos desde la devaluación: era de 72 pesos por hectárea en la convertibilidad y en 2004 rondaba los 370 pesos.
En la década de la convertibilidad, el sector obtuvo ingresos por 5200 millones de dólares anuales promedio, de los cuales 1000 millones fueron renta anual promedio. Entre 2002 y 2004, en cambio, los ingresos totales promedio fueron 7850 millones de dólares por año, de los cuales 3000 millones de dólares promedio por año fueron de renta. O sea, la renta se triplicó en dólares.
En este marco, la aplicación de retenciones a las exportaciones (que en la práctica constituyen impuestos a la renta de recursos naturales), se volvió una opción forzoza. Por otro lado, los elevados precios internacionales han permitido un aumento inédito de la rentabilidad en el sector agropecuario, aun con la aplicación de retenciones.
En 2007 se ubicó un 72 por ciento por encima de la registrada durante la vigencia del plan de convertibilidad (ver cuadro).
Estos altos niveles de rentabilidad del agro se han traducido en un extraordinario incremento en el valor de la tierra, especialmente en la región pampeana, donde el precio en dólares de la tierra ha llegado a ubicarse un 171 por ciento por encima de los valores del quinquenio 1995-1999. Y a comienzos de 2008, los precios continúan evidenciando una tendencia alcista.
Después de 2004 los costos internos aumentaron levemente, pero nunca para amenazar los impresionantes niveles de rentabilidad.
Como dice el investigador Osvaldo Barsky, “los precios de los granos en el último trienio han aumentado a razón de 80 a 120 por ciento por año. Contra semejante suba no hay costo interno que haya crecido en esa proporción ni nada parecido”.
Algo similar corroboran Rodríguez y Arceo: “Con respecto al valor promedio que registraron en 2006 y 2007, en la actualidad se observa un aumento del 86,9 por ciento en el caso del girasol, de un 75,7 por ciento en la soja y de un 59,2 y 43,4 por ciento en el caso del maíz y del trigo, respectivamente.
El precio internacional de estos productos en dólares constantes es el más alto de los últimos 25 años, con la única excepción del maíz, que registró cifras similares en 1996”.
Ante este escenario de inflación creciente (especialmente en los alimentos) el gobierno optó por subir las retenciones (impuestos) a las exportaciones de alimentos, ahora con carácter
“movil”. ¿Qué significa esto?
El gobierno aplicó un impuesto a las exportaciones agropecuarias que “poda” el ingreso de los exportadores y los deja con un precio efectivo similar al que tenían en diciembre de 2007 (una rentabilidad de 1223 pesos por hectárea para la soja y 1038 en promedio para otros cultivos como dice el cuadro) .
A partir de ahora, si el precio internacional de la carne sube más allá de cierta magnitud, ese impuesto subirá acompañando tal suba hasta capturar la diferencia de ingresos originada por el aumento, de modo que el exportador (y todo el sector agropecuario) siguen ganando lo mismo.
De igual modo, le asegura un “piso” a los exportadores ya que si el precio mundial cae, el impuesto se hace menor. Dicho impuesto (retenciones) poda parte de la renta sin afectar la ganancia “normal”.
Así, al no haber suba del ingreso de los exportadores en pesos, no habría “efecto de arrastre”. Por ende el precio de la carne en el mercado interno debería reducirse y la inflación podría finalmente desacelerarse.
En suma, lo que hacen las retenciones es diferenciar los precios internos respecto de los vigentes en el mercado internacional.
Además, la aplicación de las retenciones se hace de manera diferencial, cargando menos sobre los cereales y más sobre la soja, insinuando una estrategia de desaliento de la “sojización”.
El aumento de las retenciones a la producción sojera mejora la rentabilidad relativa de otros cultivos, así como de la producción ganadera. En esta actividad, la mejora podría permitir la expansión ganadera en terrenos antes dedicados a la producción agrícola.
Por supuesto, esto no es la solución final para el problema de la inflación y para el desarrollo agropecuario. Pero debe asumirse que en el contexto actual el recurso a la herramienta de las retenciones es casi forzozo.
Como advierte Barsky, “lo que la gente de campo debe entender es que con las retenciones no hay marcha atrás. Ningún político, ni Macri, va a salir de este esquema, salvo que sea un suicida.
Si los productores agropecuarios no entienden esta cuestión no pueden discutir nada. Las retenciones son una condición necesaria del bienestar general, incluidos ellos”.
A partir de aquí queda pendiente un debate acerca de qué se hace con esos fondos adicionales que ingresan a las arcas fiscales. Ciertamente, el aumento de las retenciones podría afectar la rentabilidad de algunas pequeñas explotaciones. La situación especial de los pequeños y medianos productores debe atenderse con políticas espcíficas basadas en el esquema general de retenciones, y no en su supresión.
Muchos pequeños productores tienen dificultades en la provisión de semillas y fertilizantes, y mantienen una relación desventajosa con el comercializador y el exportador. Deben existir a tal efecto estrategias específicas. Pero tal apoyo no puede basarse en la supresión de las retenciones que conducen a incrementos de renta y transferencias de los bolsillos de los asalariados hacia el campo en forma indiscriminada.
Sería como pretender ayudar a las Pymes industriales aumentando el precio de todos los productos industriales que pagan los asalariados.
LA CONTRADICCIÓN PRINCIPAL
Compañeros:
La aplicación de las retenciones ha desatado muchas mentiras y ejes falsos. Se está haciendo eje en como las retenciones afectan a los pequeños productores y, en realidad, las soluciones para los pequeños no van por el lado de las retenciones.
Las retenciones son un mecanismo de transferencia de ingresos: Desde los productores agrícolas a los otros sectores económicos y a los consumidores, en particular. Inclusive, en este caso, hay impactos dentro de la actividad agrícola: Desde los productores de granos a los productores de animales y hasta, si consideramos que se trata de poner limitaciones al monocultivo, hay una transferencia hacia las generaciones futuras.
En toda transferencia de ingresos, del lado de los perdedores, van perder más lo chicos y, del lado de los ganadores, van a ganar más los grandes. Por lo tanto, los que poseen mayores extensiones de campos sembradas con soja perderán menos (relativamente) que aquellos productores pequeños.
Por lo tanto, la solución para los pequeños productores (si es que corresponde alguna solución) debe realizarse por medio de mecanismos diferentes a las retenciones (no es posible aplicar retenciones diferentes por el tamaño del productor).
Pero el tema principal no es productores chicos o grandes, la contradicción principal es la misma que en nuestros 200 años de historia: Un país con inclusión o con exclusión, Un país que privilegia la calidad de vida de sus ciudadanos o de sus exportadores.
¿Qué puede interesarle el nivel de vida del resto de los argentinos a un productor de soja (aceite, harina y pellets), de petróleo, de cobre u oro, si en todo el mundo están dispuestos a comprarle sus productos? ¿Porqué YPF va a desear venderle nafta a un argentino, si a un uruguayo se la puede vender a $5 el litro? ¿Porqué un frigorífico desearía venderle lomo a un argentino, si un alemán se lo pagaría varia veces más? Inclusive ¿Qué sentido tiene aumentarle el sueldo a los trabajadores del campo, el frigorífico, la destilería si son extranjeros los que van a consumir sus productos? En resumen, el destino de estos productores no está atado al destino de los trabajadores argentinos, es más les va mejor cuando a los argentinos les va peor.
¿Dónde está el límite? ¿Hasta que la miseria, la ignorancia, la exclusión los transforma en delincuentes? No, eso tiene solución: mano dura, más policía, más cárceles. Y, entonces, hasta donde se puede apretar a la gente: Hasta que el país se torna inmanejable y entonces voltean a De La Rúa y cambian la cara.
Pero en este esquema que se repitió a lo largo de la historia cambió algo importante: Hoy se pueden llevar adelante políticas económicas redistributivas sin que se produzcan, gracias a una coyuntura internacional especial, crisis de balanza de pagos (como en otros ensayos redistributivos) y, además, no hay peligro de golpe militar.
Por primera vez en nuestra historia se está afianzando un modelo redistributivo y esto preocupa a los que creen que es lo mismo vender en Alemania, en China o en Argentina. Y entonces se producen estas acciones rabiosas, que no son paro (el campo no paró y las exportaciones siguen adelante) sino un sitio a las ciudades, un sitio a los consumidores y las industrias: UN SITIO A SUS ENEMIGOS.
¿Creen que con el SITIO van a producir un golpe? No ¿Creen que van a producir un cambio en el modelo? Tampoco.
Pretenden desgastar, como pretendieron desgastar cuando decían que había que aumentar las tarifas o se iban los inversores extranjeros, pagar la deuda o quedábamos aislados, aumentar la electricidad o venía la oscuridad, reprimir a los piqueteros (los verdaderos) o era el caos, acabar con la inseguridad, etc, etc, siempre DESGASTAR y mientras tanto buscar al candidato, al Menen o De La Rúa del 2000.
Por eso, la contradicción principal no es Productores pequeños o grandes. Es Trabajadores y Productores asociados al crecimiento del país o Productores indiferentes a la suerte del país.
Cuando esté claro esto, avancemos en evitar la concentración en el campo y todas las actividades económicas. Pero, en esto, las retenciones no tienen nada que ver.
Y la acción política no es prestarse al desgate, sino ganar en organización, movilización y discusión (espero que este sea un pequeño aporte a la discusión).
ESTOS RUBROS TAMBIÉN SON DEL CAMPO ¿O NO?
Duro mensaje a los ruralistas: "Dejen transitar a los camiones porque nos estamos fundiendo"
El titular de la Cámara de Operadores Mayorista de Frutihortícolas, Fabián Zeta, sumó su reclamo para que las entidades del agro que cortan las rutas hace 17 días levanten la medida. Y advirtió que "si los camiones no pasan, esto termina mal por la medidas que vamos a tomar".
En tanto, el titular del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas reclamó con "urgencia" el cese de los cortes porque "ya se ha afectado la producción avícola de los próximos seis meses".
El presidente de la Cámara de Operadores Mayoristas Frutihortícolas, Fabián Zeta, pidió a las organizaciones del campo que cortan las rutas que "dejen transitar a los camiones porque nos estamos fundiendo" y advirtió que "si los camiones no pasan, esto termina mal por la medidas que vamos a tomar".
El empresario informó que "hoy en el Mercado Central tiramos 2 toneladas de mercadería sensible para la población, eso quién cree usted que lo paga, el campo seguro que no y por culpa de ellos nosotros estamos perdiendo lo nuestro".
"Entendemos que todos los sectores se pueden expresar en un país que vive en democracia pero que jueguen con el dinero de ellos", afirmó Zeta.
Adelantó por otra parte que "nosotros vamos accionar en el marco legal pero sino tenemos una respuesta rápido, esto termina mal porque estamos dispuestos a todo. La gente está enervada, los puesteros y los empleados y van a salir a la ruta a buscarlos si esto continua". Zeta explicó que de los camiones que ingresaron el Mercado Central debieron tirar el 30 por ciento de frutas y verduras, lo que significó 2 toneladas que "no pudieron comercializarse".
"La gente del campo tiene derecho a protestar pero no vemos que tranqueras adentro estén parando", señaló el titular de COMAFRU, la cámara empresaria que agrupa a los operadores de venta de frutas y verduras.
"Las pérdidas son millonarias", dijo Zeta y dio como ejemplo el caso de la inversión realizada en 7 millones de dólares en bananas.
"Que paren sus cargas, no las nuestras", finalizó Zeta que estuvo durante todo el día evaluando los costos por causa del lock out patronal del campo.
En tanto, el titular del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), Roberto Domenech, reclamó con "urgencia" el levantamiento de los cortes de ruta por parte de los productores agropecuarios, porque "ya se ha afectado la producción avícola de los próximos seis meses".
Domenech, en declaraciones a Télam apuntó que la situación "es insostenible" y que están analizando la posibilidad de presentación de medidas cautelares en la justicia para "garantizar el paso de nuestros camiones".
"Otra cosa no podemos hacer, tenemos nuestros camiones parados y hay lugares como Córdoba y Entre Ríos, donde es un verdadero desastre", explicó Domenech.
El dirigente apuntó que "somos rehenes de los que están cortando las rutas, y realmente no entiendo cómo puede ser que hagan esto, porque sobre todo en Entre Ríos, están matando la producción avícola, que es una de las bases de su economía".
"Estamos en manos de gente que desconoce totalmente como es el funcionamiento de la avicultura y nos están fundiendo, mientras ellos siguen trabajando con su cosecha.
Que no jueguen con nuestros intereses, que no dejen pasar sus productos, pero que no se metan con los nuestros", recalcó Domenech. Enfatizó que "cuando esta tarde me enteré que continuaba el paro, me puse en contacto con los dirigentes de las entidades agropecuarias y les pedí una solución para nuestro problema. Entonces me dijeron que las bases no le responden, si es así no veo cómo vamos a llegar a una solución el lunes".
La CEPA es la entidad que nuclea la producción de pollos que se crían y procesan en las Provincias de Entre Ríos, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Rio Negro, San Luis, San Juan y Catamarca.
Según un comunicado de la entidad, las cámaras frigoríficas de las plantas procesadoras están llenas de pollos faenados, sin poder enviarlos a los centros de consumo porque no se permite su paso.
También destacan que hay pollos subalimentados y hambreados por falta de materias primas, maíz y soja ya que no se les permite circular con estos alimentos, lo que provoca además gravísimas dificultades para el transporte en el huevo fértil y en el pollito bebe.
De la misma manera denuncian que la imposibilidad de sacar los pollos de las granjas, no permite disponer del espacio de galpón para alojar los pollitos bebe y, la inseguridad de proveerles alimento, la presente semana, obligó a sacrificar 1.300.000 pollitos.
Indican que esta situación (aun modificándose ya) afectara la producción de pollos de los próximos 6 meses, frenando un proceso de producción, desarrollo e inversión que hasta hace 20 días era orgullo de los argentinos.
ESTO TAMBIÉN ES PARTE DEL CONFLICTO AGROPECUARIO
Debaten durante dos días en Rosario
ROSARIO (De un enviado especial).- Para celebrar sus 20 años, la Fundación Libertad decidió tirar la casa por la ventana.
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